La literatura es el territorio de la libertad y su reverso, la lectura, la hoguera sagrada donde empieza este fuego. Esto explica que, en materia de gustos literarios, todo esté permitido, lo que no equivale a enterrar uno de los rasgos capitales de la cultura: la selección, el sentido de la jerarquía, el secreto de la distinción artística. En tiempos como los actuales, donde se confunden los desahogos con el arte, la sensiblería con la sensibilidad y cada semana las editoriales nos venden una obra maestra, conviene insistir en que no es posible diferenciar dos cosas sin compararlas a fondo y menos todavía bendecirlas sin argumentar el criterio intelectual o estético que alimenta nuestras propias elecciones, sean éstas las que sean. En el terreno de la cultura no existe la igualdad ni la corrección política. Lo que rige es la ley de la excelencia, que puede ser perfectamente cambiante, como lo es también la convención cultural acerca de lo que es (y no es) la literatura, pero que en absoluto cabe considerar inoperante.
Las Disidencias en The Objective.
