Sostenía Juan Ramón (Jiménez), y acostumbra a repetirlo Andrés Trapiello, que ha hecho suya la frase, que “en edición diferente los libros dicen cosas distintas”. Es verdad. Acaso por eso, con independencia de la calidad que tenga una obra literaria, que es un debate distinto y, por fortuna, infinito, hay determinadas versiones de los libros que adquieren la condición de sagradas, que no es exactamente lo mismo que la naturaleza canónica. Entre las primeras acostumbra a citarse el manuscrito del autor –que es y no es un libro–, la prueba de trabajo de los impresores y la edición princeps, la primera impresa de cualquier obra y, en ciertos casos, la que adquiere (ante la ausencia de las primeras) la condición de histórica. Son objeto de culto para los bibliófilos y un tesoro para los bibliómanos. Existen, sin embargo, otras ediciones, ajenas a esta condición germinal, que se tornan míticas no tanto por ser el origen material de una obra de arte cuanto por fijar y difundir –más y mejor– un determinado libro.
Las Disidencias en The Objective.
