El fin es el principio

La democracia representativa se basa en un acuerdo mediante el cual los ciudadanos delegan sus derechos políticos en los diputados electos de un parlamento, donde mayorías y minorías conviven de acuerdo al marco legal. Éstas son las reglas de la democracia formal. Lo que está sucediendo desde hace ya cinco largos años en Cataluña es la perversión interesada de este modelo: sus representantes han decidido dejar de respetar la ley e imponer unilateralmente un sistema de poder paralelo, autoritario y sin contrapesos cuya legitimidad ya no es jurídica, sino directamente marcial; basada en la agitación temeraria de la calle. Igual que en los peores tiempos de los totalitarismos fanáticos, cuando los caudillos se apoyaban, siempre a posteriori, en las hordas –en este caso nacionalistas– para validar los deseos personales del correspondiente sire o las resoluciones del pertinente comité de salud pública.

Los Aguafuertes del lunes en Crónica Global.

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