Réquiem por el reformismo

Se atribuye a John Stuart Mill, filósofo británico e ilustre miembro del Partido Liberal, que tuvo el indudable buen gusto de morirse en Aviñón, la hermosa ciudad papal francesa, la siguiente frase: “No digo que los conservadores sean estúpidos. Lo que afirmo es que la gente estúpida generalmente es conservadora”. A la luz de esta sentencia cabría preguntarse quiénes son los verdaderos conservadores en la Marisma: si los susánidas menguantes, que se agarran a las columnas de la calle San Vicente como si no hubiera mañana, o las derechas meridionales que, por supuesto con la formación de un trío de capilla, llevan un año largo colmándonos de incienso para evitar limpiar de clientelismo, burocracia y nepotismo la Junta. Diríamos, sin dudarlo, que ambos: los primeros, por acción; y los segundos, por omisión.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

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