El nuevo mandato como presidente de Andalucía del Gran Laurel, ahora sin mayoría absoluta, no tiene en la negociación con Vox para la investidura, que será dura pero no imposible, como evidencia el reparto de cargos en la nueva mesa del Parlamento de las Cinco Llagas, su principal obstáculo. La dificultad más extrema de esta segunda cohabitación consistirá –a priori– en virar el rumbo de las políticas aplicadas en los últimos ocho años sin que se note demasiado y sin confesar que el 17M obliga al PP en Andalucía a enmendarse a sí mismo. Moreno Bonilla advirtió el día después de los comicios que no está dispuesto a cambiar ni su estilo ni el rumbo de sus dos legislaturas anteriores. Al menos, en lo esencial. Estas palabras se entienden como declaración inicial de intenciones, pero es dudoso que pueda mantenerlas a medida que avance el tiempo.
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