La verdad del cuento, que como escribió don Nicanor (Parra), de profesión antipoeta, nunca debe quedar sin ser dicha, aunque a quien practique la sinceridad se le tenga por una criatura difícil dado el grado de hipocresía que existe en todas las sociedades, es que el PP se olvidó de todo lo que durante años dijo que haría en Andalucía nada más llegar al Quirinale. El mismo día que Moreno Bonilla puso el pie en San Telmo (Palazzo), no sin cierta inseguridad escénica, porque su primera entronización fue consecuencia directa de una prodigiosa carambola –la suma electoral de PP, Cs y Vox– todo el reformismo (prometido) pasó a la historia (sin llegar siquiera a nacer) y el cambio se transformó en una mera sustitución. Las cosas públicas en Andalucía han seguido más o menos tal y como la derecha meridional las encontró aquel día histórico, a excepción de ciertas caras, el nombre de los nuevos validos y la identidad de los personajes habituales de la Corte Meridional de las Maravillas.
Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.
