Los antiguos monarcas absolutistas confiaban las altas tareas políticas y los asuntos de Estado a hombres de su confianza –favoritos y privados– para dedicarse a la caza y a otros menesteres, entre ellos los placeres cortesanos. Solían elegir para esta misión a alguien de los escalones intermedios o inferiores de la nobleza; de esta manera, los agraciados con la encomienda regia ganaban mayor grandeza y honores por sus decisiones en lugar de debido al tamaño de su patrimonio o a los insignes blasones de su linaje. Ángel Víctor Torres (Arucas, 1966), ministro de Política Territorial, ha sido elegido por el Gran Insomne para una misión similar en esta larga etapa crepuscular del sanchismo, al ser nombrado mando único para la crisis de Ceuta, con la diferencia de que Sánchez no reina –aunque lo desea– y, en lugar de a cuestiones cinegéticas, pasa el tiempo veraneando a todo tren con cargo a las arca públicas. Ya lo saben: es un hombre de izquierdas.
El Bestiarium en The Objective.
