Los pueblos primitivos tienen la costumbre de levantar monumentos en honor a sus muertos y sacralizar el recuerdo, perdidos ya para siempre los rastros materiales de su presencia terrestre, de sus difuntos. Cosa natural. La semilla cultural de la religión, en cualquiera de sus distintas formas, siempre es la muerte. El final sin principio. Por eso resulta oportuno que en estos tiempos en los que la tecnología nos controla e, igual que los antiguos presbíteros vigilaban a su grey, sus nuevos señores (feudales) saben todo lo que hacemos, decimos y pensamos, Alianza Editorial haya reeditado, diez años después de su primera versión en español, el ensayo de Anthony Pagden (1945), historiador de origen británico, dedicado a la Ilustración. Nada es más necesario que rendir honores, aunque sean in articulo mortis, a la civilización que entronizó la supremacía de la razón sobre los miedos y los instintos primarios.
Las Disidencias en The Objective.
