Vargas Llosa ha entrado en la Real Academia como entran todos los que en un momento de su vida fueron tocados por el viento de la genialidad: creando polémica. En esta ocasión la controversia no está causada por una de sus famosas diatribas políticas, sino por otra razón más higiénica, sana y literaria: Azorín. El escritor peruano dedicó su primer discurso como académico a la prosa menuda y dorada del gran ensayista del 98, al que hoy día se le lee poco y se le ignora todavía más. Su sabia elección ha tenido la inestimable virtud de los milagros inesperados: ha logrado resucitar a un muerto.
‘Venues’
Un servidor vive en un venue. Me entero al leer que el alcalde ha presentado en Fitur una cosa llamada Lugares de Encuentro (Seville Venues) para que inversores privados puedan alquilar, sin límite, más de una decena de edificios, centros culturales y espacios públicos donde organizar cócteles exclusivos. Esto es: cerrados. El Consorcio de Turismo ha hecho renders al estilo de los New Romantics de cómo quedarían, entre otros enclaves, la Alameda, los Jardines de Murillo y la Puerta de Jerez. Las tres plazas aparecen llenas con mesitas de discoteca y barras móviles.
La Noria del sábado en El Mundo.
Las pragmáticas jacobinas
La Revolución Francesa comenzó con un regicidio votado en sede parlamentaria y terminó con la monarquía vitalicia de Napoleón. Ironías del destino: los revolucionarios, levantados contra un rey terrestre que basaba su autoridad al amparo del derecho divino, terminaron, tras naufragar en su propia sangre, sometidos a un cabo militar cuyos despojos todavía reposan dentro de siete ataúdes distintos bajo la cúpula del hospital de Les Invalides, en un sepulcro desmedido convertido desde ese momento en el modelo capital de todos los mausoleos absolutistas.
Las Crónicas Indígenas del lunes en El Mundo.
La línea del desengaño
[Ensayo apresurado]
La capacidad para inventar mundos, conceptos, cosas, tiene fama de ser una facultad positiva, benigna, bienhechora. De las más loables que puede ejercer un ser humano. Un hombre que inventa es alguien al que el ingenio, la pericia y la habilidad se le suponen sin necesidad de mayor comprobación empírica. Con esta simple asociación de ideas ocurre algo similar al valor y la milicia: ambos términos se dan por supuestos. Se trata de un tópico, por supuesto.
Dogmaticus
Sevilla, ciudad generosa en tribus, cuenta entre sus naturales con un tipo sin parangón: el defensor ultramontano del patrimonio. Dícese de aquel que dedica su vida, sobre todo a partir de la jubilación, aunque en ocasiones antes, a dictarnos a los demás lo que debe ser la ciudad. En general, tienen una visión conservadora: su aspiración es darle la vuelta a las manecillas del reloj para devolver a Sevilla al tiempo heroico que han leído en determinados libros, no siempre académicos, sobre las cosas de aquí.
La Noria del sábado en El Mundo.
