Se murió. Se nos murió. Se le murió a su familia, a la Corona, a los españoles, a la ministra del ramo, que lloraba a moco tendido, a los discípulos de Ortega y a los chicos de la Revista de Occidente, tan nombrada como escasamente leída. Chacel, la abuelita de las letras españolas, se largó de repente: en medio de homenajes emotivos, recuerdos y desagravios que pretendían borrar, aunque fuera tan a destiempo, la ignorancia que la emparedó desde que volvió del exilio, ese horizonte donde el vino es agrio y los recuerdos son duros, punzantes y, sobre todo, irrecuperables.
Galdosiana
Víctor Hugo arranca los primeros compases de Los Miserables con una frase prodigiosa: «Lo que de los hombres se dice, verdadero o falso, ocupa tanto lugar en su destino, y sobre todo en su vida, como lo que hacen». La Noria del lunes en El Mundo.
El susanismo litúrgico
El lenguaje posesivo denota siempre una actitud política. Entre otras razones porque, según Alarcos Llorach, maestro en esta materia, la primera función gramatical que realiza cualquier determinante posesivo antepuesto a un nombre es la de presentador: quien empieza una sentencia con un posesivo carismático se define a sí mismo sin necesidad de pronunciar más palabras.
Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.
Relatos de estío
El verano nos trae cuentos, relatos de estío con los que –se supone– entretener la siesta, la tarde, la playa, cualquier cosa. Vienen anunciados con letras enormes, en titulares de cuerpo henchido, para que el lector –si lo hubiera o hubiese– los vea bien y no se los deje atrás, perdidos entre tanta crónica política, periodismo oficialista, historias de putas, banqueros y corruptos y tarantelas de berlusconis y culturetas del régimen y la subvención. Los cuentos son como el calor: aparecen en los diarios cuando ronda agosto –en ocasiones incluso antes– y desaparecen tan pronto como el otoño nos recuerda que el calendario es algo contra lo que hay que luchar sabiendo de antemano que tenemos perdida la batalla. Con los fríos desaparecen, tal y como llegaron, y vienen las obligaciones, el curso, la escuela y lo doméstico, hirsuto y triste.
Noviembre
Mi amigo Javier González-Cotta, que es el tipo que más a gusto se encuentra debajo de un paraguas después de Robert Walser, ha debido disfrutar bastante este mes de lluvias tardías y generosas. El otoño se nos ha ido como una centella y ya estamos (casi) en Navidades.
La Noria de el lunes en El Mundo.
