En un artículo soberbio –‘El voto y la cámara de los comunes’, incluido en All Things Considered (1908)– el ingenioso G.K. Chesterton describe las tres reglas fundamentales de la elegancia que, ante un duelo electoral, debería respetar cualquier candidato. Primera: no se debe alimentar al elector de ninguna manera. Segunda: no conviene persuadir a nadie de que se haga pasar por un elector. Y tres: no es lícito amenazar a un votante con alguna consecuencia derivada de sus preferencias políticas. “Un hombre”, agrega a modo de glosa el gran escritor británico, “no tiene derecho a atender o a criar un electorado con acciones caritativas agresivas, a comprarlo con grandes regalos como parques y bibliotecas o a dar muestras imprecisas de futura benevolencia: todo esto, que se lleva a cabo sin reprensión, es soborno y nada más”. Huelga decir que Andalucía, donde se votará dentro de apenas cuatro meses algo más que la presidencia de la Junta, no es ni por asomo el Reino Unido, por mucho que geográficamente esté situada –como cantaba el rockero sevillano Silvio (Melgarejo)– “al Sur de la Gran Bretaña”.
Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.
