Todos los relatos de Benjamín Labatut (Rotterdam, 1980), reunidos por Anagrama en La Antártica empieza aquí, un sobrio volumen que es, al mismo tiempo, un rescate editorial y un descubrimiento, plantean de entrada un misterio, una suerte de vacío, y nos arrastran, con mayor o menor fortuna, hacia su desenlace. Pero rara vez terminan exactamente con un cierre, sino enunciando otra incógnita. Labatut publicó la primera versión de estos cuentos, que fueron su debut literario, hace 16 años en Alfaguara (México). Nadie lo conocía y, por supuesto, no fue nada leído. Lo natural en el caso de un escritor periférico –nacido en Holanda, criado entre Buenos Aires y Chile, hablante de español– es que, salvo la familia y algunos amigos, y a veces ni siquiera eso, es que casi nadie le haga caso. El anonimato, sin embargo, fue su mejor fuego. La Antártica fue concebido como puro material pirotécnico.
Las Disidencias en The Objective.
