La vida es como una hipoteca (a plazo variable) que no termina de pagarse jamás. Cuando más sabios somos, y quizás menos necesidades inmediatas y vitales tenemos, es cuando menos tiempo retenemos –siempre y cuando nos acompañe la suerte– para distinguir lo trascendente de aquello que es secundario. El lunes de Pascua de este año, en Menorca, frente al mar Mediterráneo, la escritora Anna Caballé Masforroll (Hospitalet, 1954) terminó de escribir un libro que llevaba posponiendo, ocupada con el caudal de otras vidas ajenas, desde hacía muchos años. Esa obra es una bella y desgarradora memoir con un protagonista principal, su hermano menor, Carlos, poeta y músico muerto de forma prematura a causa del sida, con un intenso fondo de amargura familiar, cuya narradora es la propia Caballé, catedrática de universidad, maestra del difícil género de la biografía y una de las mujeres con más talento de España para conseguir lo que tantos otros escritores no logran nunca: dotar de un orden, aunque sea artificial, y un sentido profundo, con bastante frecuencia dramático, a las existencias de los otros.
Las Disidencias en Letra Global.

