Heidegger (Martin) defendía, de forma simbólica, que todos los hombres somos, en el fondo, seres de lejanías. Hay quien interpreta esta frase en términos trascendentales –todos nacemos para un día morir– pero lo que quería expresar el filósofo alemán es que el presente de cada un individuo está marcado y dirigido por su idea de lo que quiere o puede ser mañana. Por su potencial en el futuro. En el caso de Carlos Cuerpo Caballero (Badajoz, 1980) la definición se ajusta, igual que un guante, al papel que en los últimos ocho meses, desde que el Gran Insomne lo ascendiera a vicepresidente primero del Gobierno para cubrir la vacante de María Jesús Montero, sacrificada para retener el control del PSOE de Andalucía, está jugando –por ausencia de rivales dignos de peso– el ministro de Economía. En los gobiernos cesaristas, y el de Sánchez lo es desde el primer día, no existen equipos, sino siervos. Tampoco hay sucesores ni herederos, sino discípulos predilectos que, quizás algún día, si el Signore lo estima oportuno, podrán sentarse en su silla.
El Bestiarium en The Objective.
