El gran Pepe Guzmán, involuntario maestro y fecunda influencia para todos los periodistas que pasamos, hace ya quizás demasiado tiempo, por las sucesivas redacciones de El Correo de Andalucía, esa ilustre institución del periodismoindígena, solía bromear con una frase que en su tiempo se convirtió en toda una leyenda. La resumimos en lenguaje analógico, que es el que corresponde. Interior tarde. Un domingo acaso sin fútbol (antes los había). Apertura de la sección de deportes. Página impar con cintillo a cinco columnas: «Boxeo». Siguiente página par, también con un cintillo digamos que generoso: «Más Boxeo». Impar inmediata, antetítulo expandido: «(Hoy nos ha dado por el) boxeo». Posmodernidad e ingenio.
El Mundo
Las apariencias engañan
Las apariencias engañan. Siempre. Probablemente ustedes, queridos indígenas, habrán visto esta semana a Su Peronísima posando en el photocall de San Telmo (Palacio). Es la última ocurrencia de su mando mayor para intentar mejorar una imagen política -la suya- que comienza a mostrar claros síntomas de agotamiento. La Reina de la Marisma necesita captar urgentemente más protagonismo en una sociedad hastiada de este teatrillo absurdo de la autonomía. Y la fórmula que ha encontrado su sanedrín particular para intentarlo es una suerte de remake: otra ronda de visitas imperiales de los empresarios y los banqueros del Ibex 35 a la corte del absolutismo meridional.
El alcalde ‘executive’
Sosteníamos ayer, a la manera de Fray Luis, que el concertado alcalde de Sevilla, Juan Espadas, alias el quietista, se había entregado con el entusiasmo de un converso en manos de la derecha sociológica de la Sevilla Eterna. Siete días después, y algunos quebrantos más, nos encontramos en los amarillentos papeles con un soliloquio del regidor de extremo centro que sospechamos que no es casual ni espontáneo, sino inducido. En dicho monólogo (sin manos) Espadas no sólo confirma nuestras apreciaciones -sabemos que nos lee con la misma devoción que un adorable interino- sino que además nos da la chapa, cual alto ejecutivo de empresa, sobre las extraordinarias bondades de su modelo turístico. Ya saben: esa industria de la estampa (costumbrista) donde unos se forran y otros, especialmente otras, se dejan la espalda haciendo camas para alimentar a sus familias.
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Parados ‘full’, estabilidad proverbial
La primavera llega a la República Indígena con 15.100 parados más. Una estadística (negra) que nos acerca, de nuevo, a la línea psicológica del millón de desempleados. Una cuarta parte de los andaluces -esos animales mitológicos, según la Junta- no pueden vivir de su propio esfuerzo laboral porque nadie quiere contratarlos. Sólo nos superan las dos plazas africanas -Ceuta y Melilla- y Extremadura, cuya bandera apenas tiene una barra de color diferente a la nuestra. Que haya gente peor no es consuelo: el 43% de los ciudadanos de la Marisma viven de rentas que no generan. Pueden llamarlo solidaridad intergeneracional o asistencia social, pero señala el grado de autonomía real de Andalucía mucho mejor que el Estatuto.
El socialismo de los carruajes
A un año escaso para las elecciones municipales, cuyo devenir dependerá de si Su Peronísima adelanta las autonómicas, cosa que mientras más niega la Querida Presidenta más probable nos parece -Ella llama a estas cábalas «tonterías», como si su cerebro estuviera ocupado con los problemas filosóficos de Occidente-, las cosas van quedando, en lo que a la capital de la República Indígena se refiere, medianamente claras. Espadas, el quietista, que terminó de alcalde para evitar un mal peor (Zoido), ha entregado la cuchara. Con la misma devoción de un converso se ha echado en manos de la derecha sociológica, que en Sevilla es la que nunca da un palo al agua pero aplaudir -lo que se dice aplaudir- aplaude mucho. Con ganas y devoción marcial. Sí. Preferentemente si hay cornetas y tambores cerca, alguna cofradía de por medio o, en su defecto, algún monaguillo que anime la fiesta a la vera del Guadalquivir.
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