Los seres humanos tenemos, en mayor o menor medida, una habilidad mayúscula para traicionar los principios que, en principio, deberían regir nuestra conducta. Son pues excepcionales las vidas en las que el hilo de la coherencia sostiene la inevitable disgregación de nuestras sucesivas máscaras. Lo normal es que digamos una cosa y hagamos la contraria, que actuemos sin contar realmente lo que hacemos –de ahí la importancia de los secretos y de ese magna terrible que todavía llamamos intimidad– y que, incapaces de asumir estas contradicciones, recurramos a la autoficción (esa forma artística de autoengaño) a modo de consuelo. El primer libro de relatos de Harold Brodkey (1930-1996), rescatado ahora por el sello barcelonés H&O, con una traducción y un brevísimo pero muy sugerente prólogo de Enrique Murillo, trata sobre esta clase de traiciones manifiestas e indaga en la existencia, en apariencia banal, de personajes cuya vida no destaca por su carga emocional, pero que sueñan con otros mundos porque no saben qué hacer con el que habitan. Primer amor y otros pesares (1958) es, en este sentido, una obra de lo que podríamos denominar literatura de camuflaje.
Las Disidencias en Letra Global.

