En sus memorias –Cosas que ya no existen (Lumen), uno de los libros esenciales para adentrarse en su universo literario y sentimental– Cristina Fernández Cubas (Arenys de Mar, 1945) cuenta cómo, durante los años de la posguerra española en el Maresme, la comarca próxima a Barcelona, sobre todo durante los tórridos veranos, las luces de las lámparas de su casa empezaban de pronto a parpadear, como un espíritu agonizante, antes de que se fuera sin remedio la corriente eléctrica y todo el mundo que la rodeaba –la casa familiar, sus padres, sus hermanas– se transformara en un misterio súbito y oscuro, iluminado únicamente por velas y quinqués. Acaso de esos lejanos años de su infancia –que es uno de los temas recurrentes de su literatura– es de donde esta escritora catalana, firme defensora del bilingüismo, lo que en Cataluña supone una suerte desafío, haya destilado los materiales y obtenido muchos de los elementos de sus libros, igual que de la persistente influencia de las fascinantes historias que le contaba su niñera.
Las Disidencias en The Objective.
