“Una mala vida”, como dice el verso irónico del gran Javier Salvago, “la tiene cualquiera”. Pero no todas son, por refugiarnos en la célebre frase de Tolstói sobre las desgracias familiares, idénticas. Cada uno de nosotros llevamos encima, igual que un nazareno sin cirineo, nuestro propio drama. Hay quien llora desconsolado ante las penurias y quien se carcajea de las infames traiciones del destino. Daniel Melingo (Buenos Aires, 1957-2026) supo hacer ambas cosas –y muchas más– en los 68 inviernos estrictos de su vida, que terminó este último martes de junio. No fue ni en París, donde vivió varios años de cabaret y vida regalada, ni con aguacero, como pronosticaba el poema de César Vallejo, sino en el barrio patricio de la Chacarita, en uno de los distritos nobles de la capital argentina.
Las Disidencias en Letra Global.
