La primera ilusión es óptica. Consiste en creer que una campaña electoral en Andalucía implica tensión ambiental, activismo social y movimientos de masas (de inspiración jornalera), que es el sueño húmedo en las cancillerías de todos los partidos políticos. No es verdad. Olvídense de los tópicos. Los andaluces irán a votar en estas autonómicas con una evidente desgana –la media histórica registra una abstención crónica superior al 40% del censo– y sin excesivo entusiasmo. Uno de cada tres ciudadanos convocados a las urnas no llegará ni a pisar el colegio electoral. Tienen otros planes y cosas mejores que hacer. Conviene pues bajar el balón al suelo. La batalla electoral del 17M va ser, esencialmente, una guerra entre políticos y asimilados.
Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.
