Los imperios más duraderos de la historia no tienen un soberano. No se construyeron con el sudor de sus súbditos ni tampoco fueron conquistados derramando la sangre de los mejores guerreros y soldados. No son el botín obtenido en una guerra. Ni siquiera tienen fronteras terrestres, aéreas o marinas. No requieren de un rey los administre. Los reinos más sólidos de la historia son aquellos que nunca fueron, salvo en ese territorio fértil que ocupan la imaginación y los anhelos sentimentales de los hombres. Siempre están, aunque nunca hayan existido o un día cualquiera dejaran de ser y estar. Y perduran, aunque el tiempo haya convertido su nombre, sus símbolos y sus atributos en recuerdos vagos y difusos. Sobre esta paradoja, aplicada en este caso a la idea de Centroeuropa, ha escrito un libro excelente Adan Kovacsics (Santiago de Chile, 1953), escritor y traductor de origen sudamericano, ascendente cultural alemán y sólida formación continental.
Las Disidencias en Letra Global.

