Toda la historia de España, que como escribió Jaime Gil de Biedma en uno de los poemas de Moralidades (1966) tiene la costumbre triste de terminar mal, puede resumirse al modo de una cadena que, en cada época, entroniza a una ortodoxia concreta –religiosa, cultural o política– y, a continuación, condena y extermina a quienes considera sus enemigos, los heterodoxos. Sucedió en el Antiguo Régimen (véase la persecución de los afrancesados), en las interminables guerras carlistas y, durante los años de la Guerra y la Posguerra Civil, cuando los españoles se mataron –con odio prehistórico– en función del extremismo en el que el destino, el azar o la voluntad (fanática) les hubiera colocado. Se trata de una tradición cuyo origen nos parece lejano porque los hechos originales han sido desdibujados por el curso tiempo. Sin embargo, la costumbre de vestir con un hábito la infamia reverbera en el presente, condiciona la política y se hace presente, entre otros foros, en las redes sociales.
Las Disidencias en el Suplemento Cultura/s.
