Andalucía decidirá el futuro político de España dentro de cincuenta días. A mediados de mayo –el mes de las flores, según la novela que Alfonso Grosso dedicase a la estirpe meridional de la familia Gentile– será cuando se desvele la incógnita mayor de la ecuación meridional: o una segunda mayoría absoluta consecutiva del PP o un regreso a 2018, cuando el presidente de la Junta necesitó del concurso de Vox –Moreno no tardaría ni tres años en fagocitar a Cs– para ser investido por primera vez, poniendo así término a casi cuatro décadas de hegemonía socialista. Al margen de las extrapolaciones estatales, inevitables y que ahora tienen quizás mucho más sentido que nunca, el 17-M, que es el segundo adelanto electoral en menos de siete años –los comicios tocaban en junio y la única razón para adelantarlos un mes es el interés personal de Moreno–, va a tener una significación histórica. En Sevilla y en Madrid.
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