Los vientos y la violencia de la tormenta azotan las maderas del galeón. Las fragatas, dislocadas por el temporal, son juguetes castigados por la fuerza de las olas. La tripulación siente terror. La marinería es presa del pánico. La situación de los bergantines, grave y comprometida, se acerca a lo que los antiguos y venerables hombres del mar llaman el naufragio fatal. A ocho días para el comienzo de la campaña electoral, la armada sanchista está atrapada en el ojo ciego de un huracán –“es el invierno de nuestro descontento”, escribió Shakespeare– cuyo único responsable es el Gran Insomne, que, aunque simule tener fortaleza y mantener la capacidad resistencia, a estas alturas ya debe estar considerando la posibilidad de un exilio en Dominicana –los dominios de Bono, el gran cacique manchego– por si la (presunta) mayoría de las dos derechas que salga de los comicios de noviembre, eterno mes de los difuntos, acaba votando a favor del primer suplicatorio que se solicita contra un presidente del Gobierno.
Las Crónicas Indígenas en The Objective.
