Si Borges estaba en lo cierto –“todas las tiranías fomentan la estupidez”– las inminentes elecciones adelantadas (que no iba a adelantarse) del 29N, convocadas tras analizar las encuestas y proyectar sus augurios sobre el calendario judicial –posible imputación del PSOE por financiación ilegal, las cloacas y el juicio (con jurado popular) de su esposa–, van a ser las más estúpidas y, al tiempo, las más trascendentales desde la restitución de la democracia. El Gran Insomne reproduce un método que no está demasiado alejado del que el franquismo aplicó con su célebre democracia orgánica. No hay una coincidencia exacta –los partidos políticos no están prohibidos, podrán hacer campaña y (todavía) gozamos de libertades civiles– pero sí se vislumbran inquietantes analogías que ponen de manifiesto lo que está en juego. No se circunscribe a todo lo que ha sucedido en estos ocho años: la pérfida amnistía, la colonización institucional, el deterioro de los servicios públicos, los interminables casos de corrupción, la intensa polarización social, la satanización del adversario político o la invasión de Ceuta.
Las Crónicas Indígenas en The Objective.
