“La ideología, el gusto y la moral no son más que consecuencias de la sensación radical ante la vida, de cómo se sienta la existencia en su integridad indiferenciada. Esta sensibilidad vital es el fenómeno primario en Historia y lo primero que habríamos de definir para comprender una época”. Así describe Ortega y Gasset en El tema de nuestro tiempo (1923) la reacción primaria que todos los individuos experimentamos al tener que lidiar con la realidad concreta de cada instante histórico, que no es sino la forma indirecta de esa otra clase de guerra (perpetua) que todos libramos contra nosotros mismos. En la España del presente este ejercicio, propio de la edad madura, tiene un rostro que se considera no sólo mayoritario, sino universal: muchos jóvenes (condición ambigua, al establecerse en relación con las otras edades del hombre) se sienten atrapados dentro de una jaula de precariedad. Hablamos de impresión frente a certeza dado que, como es natural, cada uno cuenta la fiesta según le va en ella. Si bien se tiene por certera la máxima de Pirandello –“Así es [la cosa] si así os parece”– una generalización, y mucho más en el ámbito sociológico, plural por naturaleza, no equivale a la totalidad, del mismo modo que la verdad no depende del criterio de una mayoría. Una cosa es verdad o no lo es. Da igual cuántos voten lo contrario.
Las Tribunas en El Mundo.
