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Cultura

El instante decisivo

carlosmarmol · 9 abril, 2026 ·

Es mentira que la vida obedezca a la voluntad. La libertad de cualquier hombre, que cobija en su interior el espíritu de la humanidad entera, tiene unos límites estrechos: las famosas circunstancias de Ortega y Gasset, a quien en este país extraño llamado España, tan obsesionado con el anti-intelectualismo y tan amante de lo plebeyo, tardaremos mucho tiempo en hacerle justicia poética. Lo que somos depende tanto de aquello que anhelamos, aunque no seamos conscientes de cuál es su perímetro exacto, como de lo que podamos conseguir en un momento y en un lugar determinados con unas personas –los otros, esos infinitos desconocidos– y en un ambiente fugaz e irrepetible. Nada dura. Todo cambia. Existe, por supuesto, esa iracunda voluntad de sobrevivir, como dijeran Spinoza y Schopenhauer, que quizás sea la fuerza mecánica e insaciable  que rige el universo y la causa última, según escribe el filósofo alemán, de la mayor parte del sufrimiento cósmico. Pero este élan vital –por decirlo ahora al modo de Henri Bergson–, la fuerza creativa que, frente a la dictadura del mecanicismo, explicaría la evolución vital de los seres vivos, y también el desenlace de la novela que todos llevamos dentro, colisiona brutalmente con las evidencias terrestres, que desmienten (sin piedad) nuestros sueños y el deseo de concordia y, en ocasiones, anticipan lo único seguro que existe en esta vida: la muerte. 

Los Aguafuertes en Crónica Global.

Mil y una formas de ser (o no ser) nacionalista con criterio

carlosmarmol · 23 enero, 2026 ·

El nacionalismo, ese monstruo con infinitas cabezas, es un hijo indeseado de la secularización de Occidente. O mejor dicho: su principal sustituto en términos políticos. El proceso de alejamiento del dogma religioso, soberano omnipotente durante la larga Edad Media europea, que comenzó en los años del Renacimiento, donde se sitúa el origen más temprano de la modernidad, se acelera a finales del siglo XVII y durante todo el XVIII, gracias a la obra de la Ilustración, y llega a su punto más intenso con el Romanticismo, cuando el culto al individuo reemplaza al antiguo Dios versicular, el arte se constituye en religión y la definición de la identidad colectiva se configura –en paralelo a la consolidación de los Estados modernos– como el criterio de descripción cultural supremo. Estamos, en realidad, dentro de una gran contradicción, como tantas veces sucede en términos históricos.

Las Disidencias en Letra Global.

Ingmar Bergman: notas de cine y ensayos vitales

carlosmarmol · 10 enero, 2026 ·

“En realidad me dedico al ilusionismo, puesto que la cinematografía se basa en una imperfección del ojo humano: la incapacidad para captar cambios rápidos de imágenes prácticamente iguales (…) Me valgo de un aparato con el cual someto a mi público a fuertes sobresaltos emocionales. Lo hago reír, gritar de miedo, sonreír, creer en los cuentos de hadas, indignarse, conmocionarse, fascinarse, caer seducido o bostezar de cansancio. Una de dos: o soy un estafador o –en caso de que el público acepte el engaño– soy un mago”. El cineasta sueco Ingmar Bergman (1918-2007), sin duda uno de los autores de películas más importantes del pasado siglo, que es historia pero también presente porque el arte supremo no se extingue con el mero paso del tiempo, definió así en 1954 el oficio de rodar películas. Frisaba entonces los cuarenta años de edad y había rubricado ya más de una decena de títulos, además de dirigir un buen número de obras de teatro. 

Las Disidencias en The Objective.

‘Proustiana’ de Año Nuevo

carlosmarmol · 2 enero, 2026 ·

Larra, articulista y suicida, escribió tras el delirio navideño de una mala noche que el corazón humano necesita creer en algo. Sobre todo en las mentiras. La ausencia de verdades condiciona la vida mucho más que la disciplina o la rigurosidad. La mentira, como es sabido, es el material esencial de la ficción y, entre sus variantes, desde antiguo figura el género de la literatura fantástica, convertida en esta nueva edad tecnológica en la mejor forma de realismo. También son ficticias las supersticiones. Incluso la ciencia. ¿O acaso una hipótesis científica, avalada por la experiencia, no puede ser enmendada si la realidad cambia? Todo es fábula. “La cuna del hombre la mecen con cuentos, / los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, / el llanto del hombre lo taponan con cuentos, / los huesos del hombre los entierran con cuentos, / y el miedo del hombre / ha inventado todos los cuentos”(León Felipe).

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

Isla Prosperidad

carlosmarmol · 1 enero, 2026 ·

Que el tiempo nos devora, igual que un cáncer, lo sabemos todos. Lo supo también Henry Miller después de constatar el asesinato de todos los dioses del pasado y del presente que, de alguna forma, encarnan a nuestros progenitores. “El héroe no es el tiempo, sino la intemporalidad”, escribió el novelista norteamericano. “Marcamos el paso, en filas cerradas, hacia la prisión de la muerte. No existe escapatoria. El tiempo no va a cambiar”. Deberíamos, por tanto, considerar una inmensa suerte el hecho de poder asistir al espectáculo de esas vidas ajenas que acaban mal –todas, sin excepción, aunque mientras suene la música y dure el baile el mundo parezca maravilloso– tanto como contemplar a aquellos que encabezan el pelotón de galeotes lamentar la falta de sensibilidad de quienes les sucederán, que a su vez empiezan ya a escuchar la impugnación de los que son más jóvenes. Entre las edades del hombre, que pueden representarse bajo la forma de un viacrucis, no existe armonía ni tampoco progreso. Todo se reduce a un acto sucesivo de resignación. 

Los Aguafuertes en Crónica Global.

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Ilustraciones: Daniel Rosell