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Cultura

Orto y ocaso de la lectura

carlosmarmol · 6 mayo, 2026 ·

La lectura no es, como se cree, una gimnasia mental. Es una competencia intelectual, además de la piedra rosetta de la educación. Si no se practica con cierta regularidad y con disciplina se atrofia o se vuelve inservible. De ahí que sea una necesidad (trascendente) convertirla en un hábito. Saber leer y escribir forman parte de un mismo proceso que se manifiesta en dos direcciones. Gracias a él nuestro cerebro se alimenta y el pensamiento crítico florece. No se trata, como dice el eslogan, que seamos aquello que leemos. Es que si no leemos no somos nada en términos culturales. España ha sido, históricamente, un país con grandísimos escritores pero con una población mayoritariamente analfabeta. Nuestro progreso cultural siempre se ha visto lastrado por la ignorancia de las letras más básicas. Nos costó dos largos siglos convertir esta lacra en un estadística residual. A comienzos del siglo XIX, mientras en la ínsula de Cádiz se ensayaba un liberalismo efímero, la mayoría de la población no sabía leer ni escribir.

Los Aguafuertes en Crónica Global.

Karl Rosenkranz y el arte de la vulgaridad

carlosmarmol · 25 abril, 2026 ·

Todas las formas religiosas institucionales –esto es: las iglesias– necesitan de la ortodoxia tanto como el arte, convertido en una religión alternativa por la modernidad, requiere de una preceptiva, práctica que en general asociamos a la cultura clásica pero que, aunque se camufle, también palpita detrás de la revolución romántica y en los manifiestos de las enfáticas, y a menudo fugaces, vanguardias. De una forma u otra, los movimientos culturales y artísticos, igual que los seres humanos, predican sus propias creencias, aunque no siempre las practiquen, porque ansían la hegemonía. No existe religión sin herejes ni ortodoxia sin su antónimo. También el arte aspira –y en ocasiones logra– fijar una doctrina ideal, convertirse en pauta, traducirse en norma. Es entonces cuando su conexión con la vida se quiebra, porque lo que en una determinada época histórica se convierte en convención cultural a la siguiente puede devenir en arqueología. Estos cambios de criterio, que son la materia de estudio de la Historia de las Ideas, deben ser entendidos como un inequívoco síntoma de vitalidad. El arte que no evoluciona y cambia sin cesar, o que no se cuestiona a sí mismo y a su tradición, como los hombres, acaba siendo creación muerta o, en el mejor de los casos, un arte difunto, aunque atesore la esperanza de resucitar bajo otra máscara, otro nombre o en el tiempo del porvenir.

Las Disidencias en The Objective.

Príncipes y mendigos de la edición

carlosmarmol · 23 abril, 2026 ·

“Existen muchos libros que son olvidados de forma inmerecida, pero ninguno de ellos es recordado sin méritos”. El poeta británico W.H. Auden describía de esta forma la extraña lotería de Babilonia –por usar el título de un célebre relato de Jorge Luis Borges– que, igual que el famoso gesto del pollice verso en el Circus Maximus de Roma, decide la suerte de un gladiador que ha caído vencido sobre la arena tras una ardua batalla: muerte o clemencia. A una arbitrariedad análoga están condenados muchos de los libros que cada semana llegan a los estantes de novedades (ma non troppo) de las librerías. “El espectáculo de la literatura es de risa. Yo me parto asistiendo a sus canalladas y miserias; es como ver una sesión de teatro del absurdo”, contaba Roberto Bolaño, el último autor en español con una gloria (póstuma) de orden planetario. Como diría Jaime Gil de Biedma, la verdad amarga asoma en el augurio de Bolaño: “Todos estamos condenados al olvido, a la desaparición no sólo física, sino total: no hay inmortalidad”. Se trata de un hecho indiscutible: todos moriremos un día y no hay obra humana que perdure. 

Los Aguafuertes en Crónica Global.

El instante decisivo

carlosmarmol · 9 abril, 2026 ·

Es mentira que la vida obedezca a la voluntad. La libertad de cualquier hombre, que cobija en su interior el espíritu de la humanidad entera, tiene unos límites estrechos: las famosas circunstancias de Ortega y Gasset, a quien en este país extraño llamado España, tan obsesionado con el anti-intelectualismo y tan amante de lo plebeyo, tardaremos mucho tiempo en hacerle justicia poética. Lo que somos depende tanto de aquello que anhelamos, aunque no seamos conscientes de cuál es su perímetro exacto, como de lo que podamos conseguir en un momento y en un lugar determinados con unas personas –los otros, esos infinitos desconocidos– y en un ambiente fugaz e irrepetible. Nada dura. Todo cambia. Existe, por supuesto, esa iracunda voluntad de sobrevivir, como dijeran Spinoza y Schopenhauer, que quizás sea la fuerza mecánica e insaciable  que rige el universo y la causa última, según escribe el filósofo alemán, de la mayor parte del sufrimiento cósmico. Pero este élan vital –por decirlo ahora al modo de Henri Bergson–, la fuerza creativa que, frente a la dictadura del mecanicismo, explicaría la evolución vital de los seres vivos, y también el desenlace de la novela que todos llevamos dentro, colisiona brutalmente con las evidencias terrestres, que desmienten (sin piedad) nuestros sueños y el deseo de concordia y, en ocasiones, anticipan lo único seguro que existe en esta vida: la muerte. 

Los Aguafuertes en Crónica Global.

Mil y una formas de ser (o no ser) nacionalista con criterio

carlosmarmol · 23 enero, 2026 ·

El nacionalismo, ese monstruo con infinitas cabezas, es un hijo indeseado de la secularización de Occidente. O mejor dicho: su principal sustituto en términos políticos. El proceso de alejamiento del dogma religioso, soberano omnipotente durante la larga Edad Media europea, que comenzó en los años del Renacimiento, donde se sitúa el origen más temprano de la modernidad, se acelera a finales del siglo XVII y durante todo el XVIII, gracias a la obra de la Ilustración, y llega a su punto más intenso con el Romanticismo, cuando el culto al individuo reemplaza al antiguo Dios versicular, el arte se constituye en religión y la definición de la identidad colectiva se configura –en paralelo a la consolidación de los Estados modernos– como el criterio de descripción cultural supremo. Estamos, en realidad, dentro de una gran contradicción, como tantas veces sucede en términos históricos.

Las Disidencias en Letra Global.

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Ilustraciones: Daniel Rosell