La situación se resume en pocas palabras: a tres días para que abran los colegios electorales, los socialistas ya no saben qué hacer para conjurar el naufragio que auguran las encuestas (publicadas) y disimulan aquellas que no se cuentan ni en susurros a los camaradas de agrupación. Son peores de lo que los spin-doctors de Montero reconocen. Descontando la escenografía habitual, que se asemeja a los famosos moros de Queipo, los mismos siempre en todas partes, el PSOE andaluz, desde el 2018 una mera filial de Ferraz, está desaparecido en combate. Montero nunca fue una de los suyos: no tiene familia dentro del partido y ha hecho su carrera al margen de las sucesivas mayorías y minorías orgánicas, amparada en el ascendente institucional.
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