Una de las señales más evidentes de la grave profundidad de la decadencia española, que empezó hace casi dos décadas con el estallido de la burbuja inmobiliaria y se ha ido prolongando, sin tregua ni freno, hasta la invasión consciente y alevosa de Ceuta, organizada e impulsada por el régimen de Marruecos, y que acaso sea el punto último de no retorno, es que todas las calamidades de nuestra vida política suceden fuera de su sitio natural.
El Rey no puede visitar las dos ciudades españolas del Norte de África por prohibición del Gobierno, que en esta cuestión sigue la nefasta costumbre de sus antecesores. Por eso, para expresar su respaldo a los ceutíes, que son las víctimas –junto a los inmigrantes ahogados– a las que el sanchismo ignora, tiene que organizar una reunión alternativa con el presidente de Ceuta en Marivent (Mallorca). A 997 kilómetros de distancia del Tarajal.
Las Crónicas Indígenas en The Objective.
