Quince días después, el dinosaurio (de la mayoría absoluta en Andalucía) todavía sigue aquí. El célebre arranque del cuento de Augusto Monterroso –un relato de una sola línea cuya fuerza narrativa reside en su extraordinaria elipsis– resume la sensación que un sevillano (al que fuera llaman andaluz) tiene al leer y escuchar a determinados tertulianos y a ciertos politólogos de Madrid y Barcelona intentar desentrañar, o incluso pedir directamente el voto en favor del Gran Laurel, que esta jornada se juega a susto o muerte –el 17M tiene algo de Halloween– una parte notable de su futuro, que no coincide exactamente con el de Andalucía. Al Norte de Despeñaperros todo son cábalas acerca de si la incógnita meridional precipitará (o no, como diría Rajoy) la ansiedad de la corte de Madrid. Cosa natural: con Andalucía sucede igual que cuando una familia, o un periódico venerable, entra en una crisis, que a quien más le afecta el trance – a quienes únicamente le importa– es a los que están dentro.
Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.
