Sonreír (en exceso) está sobrevalorado. Parafraseando la sentencia (apócrifa) que la tradición adjudicó a Abraham Lincoln, pero que otros atribuyen a Jacques Abbadie –“Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo, pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”– la simpatía, sobre todo en el caso de un político, funciona hasta un grado determinado. Después se transforma en impostura o en frivolidad. Sobre todo en el Sur, donde Machado (Antonio), en su Juan de Mairena, recoge esta vieja copla popular: “Cuando los gitanos tratan / se mienten y no se engañan”. Algo similar le ha sucedido al Gran Laurel tras perder la mayoría absoluta en Andalucía. Su campaña, a excepción de un breve paréntesis después del primer debate, cuando tuvo que recurrir al comodín catalán, ha sido una inmensa pompa de azúcar: buenas palabras, mejores formas, karaokes y piruletas para todos.
Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.
