La realidad no tiene una introducción, ni un nudo y, por supuesto, carece de un desenlace. El mundo es porque sí. Sin más. Un día estamos aquí; al siguiente desaparecemos sin dejar rastro. Entretanto ocurren y nos suceden cosas. Si por donde vamos cada uno lleva consigo su novela, como dijera Galdós, quien no es un novelista profesional –porque todos lo somos un poco– tiene que contentarse con ejercer, al mismo tiempo, de narrador y de personaje, de creador y protagonista, de escritor y lector de sí mismo. Hay quien percibe esta doble condición como un tormento. Otros disfrutan hablando consigo mismos para, como dijera Machado (Antonio), hablar algún día con Dios. A falta de señales celestiales expresas, lo más parecido al Creador Supremo, o a la figura mítica del demiurgo, que solemos tener más a mano son los periodistas. Por eso –antes– el hombre común quizás no leyera muchos libros, pero sí solía buscar en los periódicos, esos arqueológicos animales mitológicos, la trama de los días ordinarios.
Las Disidencias en The Objective.
