Si una campaña electoral es una variante de guerra, donde hablan los votos en lugar de los fusiles, no existe armamento (retórico) más efectivo, y más barato, que las palabras, que expresan lo que somos y también aquello que ocultamos. Fabricar un lema electoral es tan difícil como componer un endecasílabo milagroso. Las palabras jamás son idénticas. Cada sinónimo recoge los matices de una misma cosa o sugiere sentidos diferentes y hasta ambiguos. Flaubert pensaba que en las cosas terrestres es donde más y mejor se nota la existencia de Dios. Mies van der Rohe, en cambio, percibía la presencia del diablo en esos mismos detalles. Basta contrastar la realidad con los lemas (diabéticos) de campaña del 17M en Andalucía para hacerse una idea cabal del talento expresivo y del marco conceptual de los cinco candidatos, cinco, que se disputan –unos más que otros– el Quirinale.
Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.
