El diputado Rufián (Santa Coloma, 1982) va por el mundo con nombre de telenovela –“¿Cómo estás, Juan Gabriel?– y un segundo apellido con etimología sensorial de arbusto y evocaciones taurinas, pero nada iguala ni puede compararse a la polisemia frontal –que ha marcado toda su vida, la pública y la privada– de su patronímico principal, que, desde que llegó con vocación de enfant terrible al Congreso de los Diputados, se ha convertido en una marca registrada. Ese día subió al atril y dijo mirando el vacío matemático del hemiciclo: “Soy hijo y nieto de unos andaluces que llegaron a Cataluña hace 55 años, soy lo que llaman un charnego y soy independentista. He aquí su derrota y he aquí nuestra victoria”. Esta puesta de largo en sociedad buscaba desconcertar a la cámara y reivindicar su identidad triple ante la sede del parlamentarismo español. Llamó la atención, desde luego, pero como anécdota más que como categoría, que era lo que ambicionaba Rufián cuando, frente al espejo del hotel, ensayó esa tarde por primera vez el porte de cargador de muelle que le caracteriza.
El Bestiarium en The Objective.
