Hay quien ve a Margarita Robles (León, 1956) como un verso suelto, pero la definición más exacta de la ministra de Defensa, que lleva en política desde mediados de los años noventa, siempre a las órdenes (partidarias) del PSOE, cuando fue fichada desde la élite de la judicatura en los tiempos crepusculares de González (Felipe) por Juan Alberto Belloch, ministro bifronte de Justicia e Interior, otro magistrado que se pasó al lado oscuro, coincide más con la de los fieles ejecutores, los funcionarios del imperio español encargados de cumplir y hacer cumplir la normativa regia. Nacida en León, es –junto con Luis Planas– la única ministra del gabinete sanchista que mantiene una cierta conexión con los tiempos dorados del felipismo, aunque en la pugna entre Susana Díaz y Pedro Sánchez prefirió al segundo, aunque tampoco se cerrase las puertas del bando contrario por aquello que le enseñó su preparador en las oposiciones: “Actúa, pero sin ofender a nadie”.
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