Cantar la canción de su propia campaña le ha costado a Moreno la mayoría absoluta. Si Zeus concedía la victoria a los moderados, como advertía Esquilo, el Gran Laurel –una mayoría absoluta y dos relativas– no ha conseguido que los andaluces le concedan de nuevo los beneficios de la certeza, al elegir un Parlamento que no le permitirá coronarse a sí mismo. Napoleón no es andaluz. El PP tendrá, por tanto, que pagar el sacrificado diezmo medieval a Vox. Los electores, que en esta ocasión han votado y en abundancia, eligen el lío. Y establecen un contrapeso frente a la absolutísima del PP. En lugar de dar algo de oxígeno al PSOE, recompensan la oposición creativa de Adelante Andalucía, la candidatura de los troskistas verde carruaje, que logra dar el sorpasso a IU (y lo que queda de Podemos) y precipita un llamativo cambio generacional –del obrerismo Ancien Régime al soberanismo folclórico meridional– entre las dos minorías de izquierdas. Si ambas organizaciones hubieran concurrido juntas ahora sumarían cerca de la mitad de los escaños de los socialistas.
Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.
