El telón ya está arriba y, sobre el escenario de las elecciones andaluzas, que en Madrid y en Barcelona se interpretan como un preludio de las generales, las dos derechas prosiguen el pulso que en Extremadura, Aragón y Castilla-León se ha saldado con tablas. Dependencia en Mérida y en Zaragoza; y un bajonazo, por usar un fértil símil taurino, en Valladolid. Los ultramontanos presentan a un candidato que es –por decirlo con Josep Pla– un encarregat, y hacen un relato alarmista que impugna la historia oficial de la autonomía, escrita con las ensoñaciones de los viejos andalucistas y de las izquierdas minoritarias de finales de los años setenta. “No votéis a Juanma Moruno”, grita Abascal, un vasco cuyo perfil recuerda más a los berberiscos que capturaron a Cervantes que a un cristiano viejo. Todos somos mezcla. Y Andalucía, territorio geográfico y nombre de la España meridional, más si cabe.
Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.
