La hipocresía y la doblez de espíritu son dos espectáculos fascinantes. Sobre todo para quienes acaban beneficiándose de ellas y, como escribiera La Rochefoucauld, autor de las Máximas y probablemente el mejor de los moralistas del siglo XVII, rinden, a través de una sostenida y contumaz conducta viciosa, un homenaje (de naturaleza contradictoria) a la virtud. Fingir lo que no se practica, que en el caso de Carles Puigdemont i Casamajó (Amer, 1962), el expresidente prófugo de la Generalitat y primer fanático de Junts Per Catalunya (mutación soberanista de la antigua CiU), es hábito, costumbre, carácter y destino, todo al mismo tiempo, no deja de ser un refrendo moral de aquello que no se tiene, pero conviene aparentar. El presidente de la Ficticia República Catalana Independiente, proclamada durante apenas un nanosegundo desde la tribuna del antiguo Arsenal de la Ciudadela, antes de quedar en hibernación y pasar a la historia, confirma la sentencia del autor francés.
El Bestiarium en The Objective.
