Northrop Frye, eminente crítico canadiense, sostenía que la finalidad de las palabras no es idéntica ni semejante en la literatura y en la política. En el primer caso su uso tiende a ser “desinteresado”; en el segundo es el interés (fenicio) el que alimenta a un orador, aunque se camufle bajo los ropajes de la persuasión. No se trata de leyes incompatibles: lo que un escritor desea, a fin de cuentas, es tener lectores e influencia y, al perseguir ambas cosas, también le mueve un objetivo, aunque, en apariencia, sea distinto al que profesa un gobernante cuando aspira a que los ciudadanos le crean (porque miente) o un candidato procede a pedir el voto. Las palabras nunca dicen exactamente lo mismo, como explica el escritor norteamericano Richard Ford (1944) en su ensayo En palabras sencillas, uno de los títulos que ha elegido la editorial italiana Feltrinelli, propietaria del sello barcelonés Anagrama, para debutar en el mercado en español.
Las Disidencias en The Objective.
