El género de la épica, que exige un héroe, un drama, un sufrimiento que parezca digno y que no sea mortal, y la firme voluntad de enfrentarse al destino, se convierte en una bufonada cuando su autor no domina ni el verso ni la prosa o la sensibilidad del auditorio se torna excesivamente terrestre. La modernidad es un tiempo sin héroes. Los guerreros hace varios siglos que descendieron del caballo, aunque los políticos todavía anhelen ser estatuas y actúen en el escenario, donde declaman sus (falsas) virtudes y reprochan a sus adversarios sus graves pecados morales. Las funciones son tan largas como una ópera vanguardista de Bob Wilson. El debate de esta semana en el Congreso es una excelente muestra. Cabe resumirlo así: El Gran Insomne, puro y casto, en fiera y desigual batalla contra la infinita maldad del mundo y las derechas.
Las Crónicas Indígenas en The Objective.
