El tiempo, que como escribió Quevedo nunca vuelve ni tropieza, avanza sin descanso por el sendero prefijado. Las sentencias condenatorias contra el entorno del Gran Insomne se suceden sin que, de momento, se divise un claro en el bosque infinito de sumarios, abogados, testigos, fiscales, reos y pruebas que, en lo esencial, vienen a dar la razón –como era previsible– al trabajo de los jueces instructores. Hay quien afirma que el cerco judicial contra Sánchez se estrecha. Sería mucho más correcto describir la situación de otra manera: la verdad, sencillamente, emerge. Y no es nada bonita. Si alguien rodea al inquilino de la Moncloa no es un ejército de golpistas, como ha dicho nuestro desahogado ministro de Transportes, que hace escaso honor al literal de su apellido (Puente) y acaso sea el representante perfecto del servilismo cesarista que se ha instalado, desde hace ocho años, en la cúspide de un PSOE sin contrapesos democráticos, largocaballerista, cuyas menguantes bases –tan responsables como sus dirigentes de la actual deriva populista– no reaccionan ante el principio de realidad y se refugian en la demagogia para justificar la constante lluvia de sentencias judiciales.
Las Crónicas Indígenas en The Objective.
