“Es triste pedir, pero más triste es robar”. El refranero resume así la frase que usaban los mendigos para despertar la piedad ajena y, si había suerte y la fortuna no les daba la espalda por completo, lograr algunas monedas con las que sobrevivir, incluyendo –por supuesto– los vicios de rigor, porque pobres habrá muchos, pero ninguno debería sufrir por tal condición la insoportable condena de la frugalidad. Podemos decir, desde una mirada irónica, lo mismo de la candidatura de Sor Yolanda (Díaz) del Ferrol (Fene, 1971), vicepresidenta y ministra de Trabajo, a presidir la OIT. “Es triste estar toda tu vida (política) defendiendo la importancia del empleo y legislando sobre esta materia y acabar saltando de cargo en cargo sin que conozcas –de primera mano– aquello sobre lo que tanto predicas”.
Pablo Iglesias, que fue quien (para su desgracia) la designó su sucesora, antes de tildarla de traidora tras de su costillazo en las elecciones de Madrid, ha recibido la aspiración de Díaz con sarcasmo: “El Gobierno premia a quien entiende que tiene que premiar […] Quizá vaya a ser la afiliada a CCOO mejor pagada de la historia”.
El Bestiarium en The Objective.
