Una epopeya sin épica es, de partida, una contradicción en sus propios términos. La forma narrativa más antigua, por supuesto escrita en verso, fue concebida desde el origen de la literatura para cantar –relatar sólo es el pretexto para el canto– las gestas de los grandes mitos culturales de la Hélade que, gracias a la tradición literaria occidental, que si es todavía discutida es debido a su extraordinaria riqueza, son también los nuestros. Vivimos desde hace siglos en un mundo sin héroes y sin santos. Donde las mitologías lo son por la depreciación del oro sagrado de los antiguos. La modernidad dejó de creer en los héroes del pasado y su obra más capital –El Quijote– instaura otra situación: un hombre que sueña lo que ya no es y, de esta forma, lograr conjurar gracias a la fábula la mezquindad de un mundo degradado.
Las Disidencias en The Objective.
