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Política

1982, el año de la petalada socialista

carlosmarmol · 31 octubre, 2022 · Deja un comentario

Los recuerdos, rebasada cierta edad, adquieren un equívoco prestigio que, sin embargo, tiene más que ver con la desesperación por el tiempo consumido (a veces, en vano) que con la alegría de haber vivido determinadas situaciones, incluyendo el triunfo. “Son las maderas de los recuerdos con las que construimos nuestras esperanzas”, escribió Unamuno. No podemos más que darle la razón al escritor vasco al ver a los patriarcas del PSOE celebrar el 40 aniversario de su triunfo electoral en 1982, considerado el punto final de la Santa Transición. Como la memoria es débil y, en el caso de los más jóvenes, directamente insignificante, entre el abundante coro que estos días glosa (con deleite) la efeméride –celebrada con un mitin en Sevilla con la presencia de Felipe González y la marginación (temporal) de Alfonso Guerra– hemos oído toda clase de afirmaciones mayestáticas, en general exageradas, adjudicando al histórico líder del socialismo español un sinfín de milagros, salvo la resurrección de Cristo, que en nuestro caso –somos trabajadores– equivale a la creación de la Seguridad Social.

Los Aguafuertes en Crónica Global.

‘Felipe Fan Zone’

carlosmarmol · 30 octubre, 2022 · Deja un comentario

Veinte años, dice el tango, no son nada. Cuarenta son el doble de nada. Y, como escribió Neruda, “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. El tiempo no perdona y las “ínclitas razas ubérrimas”, a las que cantó Darío, degeneran, aunque de forma dispar. Unos lo hacen acolchados por la pensión máxima (más complementos); otros, gracias a la generosidad que los socialistas –según su autorretrato– instauraron con el dinero de todos. La memoria es una mentira. Y González, héroe del acto en Sevilla por los 40 años de la mayoría de 1982, celebrado en el auditorio de Fibes, con su vibrante atmósfera de plata, transformado ayer en una Felipe Fan Zone, advirtió: “No pretendo decir la verdad, sino cómo viví aquello”. El personal, que ya venía rendido de casa, aplaudía entusiasmado, presto a oír el cantar de gesta (sin hexámetros) de cómo los hijos de Suresnes conquistaron la Tierra Prometida. El Moisés de Bellavista –el que tuvo, retiene– comenzó, igual que Homero en la Ilíada, con una evocación de Guerra, el ausente (por orden de Ferraz), obligando así al presidente del Gobierno a mentar “a Alfonso”, retirado en la paz de los desiertos de Santa Clara, su barrio en el Sur. González, al menos para su quinta, todavía conserva el conjuro. Habló media hora. Suficiente para provocar un silencio reverencial interrumpido únicamente por los aplausos. 

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

Queipo de Llano en la Macarena

carlosmarmol · 28 octubre, 2022 · Deja un comentario

El teatro social perdura hasta el instante (definitivo) de la muerte. Cualquier cementerio es una constelación de vanidades yermas, una escenografía con un sinfín de pompas inútiles. Unos difuntos reposan en grandes mausoleos familiares, bautizados con el apellido de la estirpe; otros, en cambio, yacen en nichos humildes o en repositorios de cenizas olvidadas. Todas las religiones antiguas comienzan con el culto (sagrado) a los propios muertos, aquellos que un día nos precedieron sobre la tierra, pero en una sociedad donde las jerarquías no dependen del talento individual, sino de la riqueza legada, los camposantos aún reproducen inútilmente la escala social de los vivos y los deudos. A los muertos estos gestos no les afectan en su silencio infinito: un cadáver es igual a otro. Los restos de ausencias eternas. Apenas unos escasos metros de diferencia separan la tumba de Queipo de Llano, el asesino golpista que tomó el Sur de España para la causa fascista, del lugar donde se fusilaba a sus víctimas, asaeteadas sin juicio contra la muralla de la Macarena. Ese trecho, donde todos los años una inmensa multitud lanza piropos a una Virgen milagrosa, está colmado de oprobio.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

Evocar el pasado, perder el presente

carlosmarmol · 28 octubre, 2022 · Deja un comentario

La política en Andalucía, que es un termómetro recurrente del estado de ánimo español, está atrapada desde hace tiempo en un bucle melancólico que se asemeja a la íntima pretensión de los antiguos rituales sagrados: detener el curso del tiempo mediante la repetición mecánica, casi obsesiva, de algunos de los momentos más felices del pretérito. Son los clásicos del repertorio sentimental. Por descontado, se trata de un aspiración condenada al fracaso. El calendario de los días no se detiene, pero a muchos de los actores políticos del Sur este ritornello les consuela del deterioro de su fama, al tiempo que los distrae de los quebrantos inmediatos, que van desde la cárcel –es el caso de los condenados por los ERE– al momento postrero que, por una mera cuestión biológica, cada día queda más cerca. “El futuro nos tortura y el pasado nos encadena. Por eso se nos escapa el presente”, escribió Flaubert. Tal parece ser la invariante de la vida oficial en la gran autonomía meridional. 

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

Malaka y los eunucos

carlosmarmol · 26 octubre, 2022 · Deja un comentario

No existe nada más indígena que un consejero de Turismo, o un alcalde, pavoneándose por Times Square, supuesto centro neurálgico del mundo (publicitario), para celebrar que su aldea cuenta con una conexión aérea directa con Nueva York. Imagínense la escena: el prócer silvestre intenta parecer cosmopolita, celebra las bondades de la globalización, se felicita por un mundo sin fronteras, apela al orgullo (ridículo) de haber nacido donde no ha elegido hacerlo y festeja, igual que los indepes de Berga, aquello de el mon ens mira. Puede ser pronto una estampa inequívocamente malagueña, porque en los últimos tiempos, sin que nadie tenga el monopolio de esta patología, ya la hemos visto interpretada por hijos de la antigua Malaka, que a efectos simbólicos es como la Sevilla Eterna de los costumbristas hispalenses, que llevan decenios dando la brasa con las maravillas (perdidas) de su infancia.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

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Ilustraciones: Daniel Rosell