Ponerse estupendo

El poder, escribió Honoré deBalzac, es una conspiración permanente. «Dentro de nosotros» -señala el novelista francés- «existen varias memorias. El cuerpo y el espíritu tienen cada uno la suya». Probablemente el Reverendísimo, señor (temporal) del Quirinale, que ejerce con inteligente discreción su alta baronía, apelase a su lado espiritual al censurar que Casado lo convocase a la reunión de los cuchillos largos en Génova un 28F, el Día de la Marisma. Cuando le dieron a elegir entre defender (en primera persona) su gestión sanitaria en las Cinque Piaghe, o irse de campaña electoral a Salamanca con Mañueco, optó por su lado carnal. El alma, sin embargo, sólo puede habitar en la materia vulgar. Lo dice la Biblia. Il Presidentino siempre nos ha recordado a uno de esos universitarios eternos que militan en la tuna hasta exceder el número razonable de primaveras, pero lo que no esperábamos es que se pusiera tan estupendo -«No es acertado hacernos elegir entre el PP y Andalucía»- cuando lo que sucede en las entrañas de Génova es una rebelión in fieri que nada tiene de edificante, aunque sí muestre -en crudo- cuáles son las verdaderas prioridades de nuestros próceres.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

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