Una condena sin castigo

La Justicia en la Marisma, medio acuático por antonomasia, no es justicia, sino un caldo espeso donde los patos juegan a ser víctimas. Sin riesgo, por supuesto. Al retraso, interesado e injustificado, de la sentencia de los ERE, que no se hizo pública antes del 10N para atenuar el quebranto electoral del PSOE -el que tuvo (el poder) retiene (la influencia en la judicatura)- se suma ahora la certeza de que a los condenados por la pieza política del caso no se les va a exigir ni un euro de responsabilidad civil. Su Peronísima (reducta), en un gesto absolutista que vamos a pagar todos, decidió durante la instrucción que aquí no había nada grave y que quienes crearon la red clientelar -según la sentencia- no asumirán nunca con su patrimonio las consecuencias de su conducta. Algo incomprensible desde el punto de vista lógico.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

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