Virginia Pérez, lealtad variable

En la política indígena no hay outsiders. Hay envidiosos. Todos los que aspiran a pintar algo en ella se mueven por la ambición de ser parte de un sistema que no quieren tanto cambiar como desean encabezar. Tampoco existe la fidelidad a personas e ideas. La norma general es el interés (fenicio) y el relativismo moral. Todos estos ingredientes están presentes en la carrera pública de Virginia Pérez Galindo (Sevilla, 1979), presidenta electa del PP de Sevilla en contra de los deseos del ReverendísimoBonilla y laureada en el último congreso de la organización con tantos votos como irregularidades, ninguna de ellas inocente. Hija de un policía y de una cocinera, Pérez Galindo se crió en Barcelona hasta que su familia se instaló en San José de La Rinconada un año después de la Exposición Universal. Estudió la carrera recurrente entre los benjamines que se afilian a Nuevas Generaciones -Derecho-, y no tardó en presentarse a la alcaldía de su pueblo, con escaso éxito, para apuntarse después a las listas municipales de Gines. Para entonces ya había decidido hacer de la política su oficio, su beneficio -como diputada cobra 3.791,83 euros- y su familia (está casada con Eloy Tarno, concejal en Lora del Río y, antes, secretario general del partido).

El Bestiarium en El Mundo.

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