La política española vive instalada en una interminable campaña electoral. Se debe a un calendario marcado por constantes convocatorias a las urnas (locales, autonómicas, generales y europeas) y al hábito –vicioso, porque impide prestar atención a lo trascendente en favor de lo conveniente– de los partidos políticos, que persiguen la conquista, conservación o extensión de su poder institucional antes que atender al debate ideológico, concebido como un simple instrumento táctico, o concentrarse en la gestión. Andalucía, que este 11-M votó la nueva composición de su Parlamento –ya sin mayoría absoluta del PP–, está inmersa, con el inicio del nuevo curso político, en un preludio extendido de las siguientes citas electorales: las municipales y, antes o después de éstas, las trascendentales generales. La estrategia partidaria de las dos derechas –PP y Vox, convertidos ahora en socios de un inédito gobierno de coalición– ante ambas convocatorias es el factor que guía al gobierno de la gran autonomía del Sur.
Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.
