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Moncloa y San Telmo: Historia de un bucle melancólico

carlosmarmol · 4 octubre, 2024 ·

El otoño, que en Andalucía siempre es una estación relativa y últimamente se ha convertido casi en un fenómeno virtual (sólo existe ya en el calendario), no ha comenzado demasiado bien para el presidente de la Junta de Andalucía. El desempleo ha crecido en la región un 1,21% –7.720 personas más– durante el pasado mes de septiembre, tras el fin de la campaña turística estival, dejando la cifra oficial de paro en 647.054 personas. En términos anuales el saldo todavía es positivo –un 9% menos de trabajadores sin empleo– pero este dato estadístico muestra la obstinada resistencia de la economía meridional a dejar atrás la temporalidad, la precariedad y la dependencia crónica del sector servicios.
Moreno Bonilla también celebró en septiembre su tercera reunión desde que es presidente con Pedro Sánchez, pero salió de la Moncloa –como explicó– “con las manos vacías”. La ausencia de sintonía entre el presidente del Gobierno y el mandatario andaluz es manifiesta. En el ámbito político son rivales –y lo serán más en un futuro nada lejano– y en el plano personal, aunque ambos guardan las formas, se percibe una manifiesta ausencia de química.

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

El Surrealismo: sueños y pesadillas que cambiaron el arte

carlosmarmol · 28 septiembre, 2024 ·

La paternidad todavía está en discusión, como ocurre –con frecuencia– en tantísimas familias con abundante prole, pero los innumerables vástagos del surrealismo, con seguridad la corriente más influyente de las efímeras vanguardias de principios del pasado siglo, se han multiplicado y, respondiendo a la secular profecía del libro bíblico del Génesis, han acabado colonizando la Tierra y también su único satélite: la luna. Dentro de veinte días se cumplirán exactamente cien años del Primer Manifiesto del Surrealismo, publicado (sin encomendarse a nadie) por André Breton, asesino profesional de todas las convenciones y de quien el mexicano Octavio Paz, que lo conoció en París a mediados de los años cuarenta, decía que era como Jano, el dios romano que abre y cierra todas las puertas, señor de los comienzos y patriarca de los finales. Representado por una figura (de perfil) con dos caras, Breton podía ser una persona encantadora y un ayatolá negro, decidido a castigar cualquier revisionismo. No existen las iglesias sin dogmas. Y Breton fundó, adelantándose a otros coetáneos suyos, una nueva religión: el catecismo que, de forma voluntaria, aparta la creación de la razón y la entrega a los caprichos (muchos de ellos soberbios) del subconsciente.

Las Disidencias en The Objective.

Gay Talese: los grandes éxitos del (viejo) nuevo periodismo

carlosmarmol · 27 septiembre, 2024 ·

El periodismo es, sobre todo, una cuestión de método. Una artesanía exigente. Y entre las herramientas para ejercerlo, además de la curiosidad, el dominio de la escritura, los contactos y la capacidad de análisis, que es lo que menos abunda en estos últimos tiempos (tan digitales) del oficio, figura un rasgo personal: la humildad. No es que creamos que todos los grandes periodistas tienen que ser humildes –hay ejemplos que desmienten esta máxima–, pero sí pensamos que sin una cierta actitud terrestre, atenta a las pasiones humanas, que es lo que de verdad hace girar el mundo, es difícil cumplir la misión de contarle a la gente lo que sucede a la gente, como decía Scalfari, el director de La Repubblica, o descubrirle a los lectores que desconocían que Lord Jones estaba vivo –como escribiera G.K. Chesterton– que Lord Jones ha muerto. La consagración de un periodista, que es tarea azarosa y requiere mucho tiempo, se consume, igual que una cerilla, en unos segundos, pero cuando la llama arde –aunque dure sólo un instante– tiene la misma potencia que el sagrado fuego olímpico. Gay Talese (1932) ha visto arder esta lumbre en el pebetero del periodismo muchas veces.

Las Disidencias en Letra Global.

Andalucía y la izquierda ondulante

carlosmarmol · 27 septiembre, 2024 ·

Los grandes escritores eligen a sus precursores, con los que anhelan establecer una relación entre presuntos iguales. A los políticos les sucede lo mismo con la diferencia de que, aunque al ponerse delante del espejo vean en su propio rostro a Napoleón, la realidad desmienta semejante equivalencia, salvo como caricatura. “La vie est ondoyante” escribió Josep Pla en Notes del capvesprol, haciendo suya la sabiduría (tranquila) de Montaigne, que en sus Essais condensa en esta frase los altos y bajos, las cordilleras y los valles, de la condición humana. Lo que ayer era cumbre de repente se transforma en pozo. La antítesis de la cima es la sima.
Montaigne, en realidad, nunca escribió la frase de Pla, sino otra similar: “El hombre es un tema maravillosamente inútil, diverso y, por lo general, ondulante. Es una tarea complicada fundamentar un juicio uniforme y estable sobre él”. El matiz, en este caso, es categoría: lo ondulante no es la vida, sino el individuo. Como evidencia la política, un gobernante puede –y para algunos debe– decir una cosa hoy y otra mañana. Hacerlo sin despeinarse se considera ingenio –si quien juzga es otro político– y pragmatismo, siendo en ambos casos embustes. Las cosas, sin duda, pueden tener lecturas divergentes. Lo esencial es averiguar si quien interpreta algo de una forma y más tarde de otra lo hace por convicción o debido al interés.

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

España y los populistas de ultramar

carlosmarmol · 26 septiembre, 2024 ·

Es una constante en la Historia de España: cuando el Estado muestra síntomas de debilidad ante sus enemigos, los nacionalismos (externos e internos) aprovechan para disfrazarse de víctimas, agitar los agravios –en buena medida, imaginarios– y establecer una dicotomía (inmoral, pero que simula ser todo lo contrario) entre la pérfida metrópoli (la nación española, en unos casos; Madrid, en otros) sus antiquísimas colonias o los territorios que aspiran a la independencia. Cabría preguntarse qué ha hecho mal España para, más de un siglo después de perder sus posesiones de ultramar (Cuba y Filipinas), y tras cuarenta años de la reinstauración de la monarquía parlamentaria, tenga que padecer el desprecio de repúblicas (reales o imaginarias) cuyo único fundamento es la negación tribal de su origen mestizo. El último episodio –de ayer mismo– es el desaire de la nueva presidenta electa de México, Claudia Sheinbaum, al no invitar a Felipe VI a su inminente toma de posesión. El Rey, en su condición del jefe del Estado, tiene encomendadas las altas labores de representación de España, especialmente –prescribe la Constitución– “con las naciones de su comunidad histórica”. Esto es: las repúblicas que fueron parte de la Hispanidad, con las que compartimos la lengua, la historia, una cultura común y, obviamente, relaciones de índole comercial.

Los Aguafuertes en Crónica Global.

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Ilustraciones: Daniel Rosell