Adjetivos destemplados, recelos, conspiraciones. ¿Quién tiene la culpa? La lista de la ministra. De rojo encarnado y abrupto pelo, Carmen Alborch, la encargada administrativa de la cosa cultural, elaboró en su momento una lista de escritores para pagarles el viaje a la Feria del Libro de París, un foro donde la literatura se hace copa a copa, canapé a canapé y con tópicos, bien sûr. Mayormente, un sitio donde la joven narrativa y poesía española estaba llamada a mezclarse con los gurús de los movimientos culturales, esos muchachos que viven de la ubre pública con una facilidad sólo comparable a su capacidad de adaptación cuando las trompetas del cambio político marcan un cambio de tercio. Todos a babor.
Bare nostrum
La diferencia esencial entre la civilización y la barbarie, la dicotomía sobre la que construyó su obra Domingo Faustino Sarmiento, maestro, político y presidente de la Argentina durante los tempranos años de emancipación de la antigua colonia del Río de la Plata, se dirime dentro de las ciudades.
La Noria del sábado en El Mundo.
El tercio de la investidura
La Querida Presidenta (en funciones) tiene una forma singular de entender la democracia y, por extensión, la aritmética. Siempre en su beneficio, nunca en el nuestro. No sé si piensa que los andaluces ignoramos el manejo básico de los números o acaso cree que nuestra brújula para las mayorías anda algo nublada, como el tiempo, porque de otra manera no se comprende la lectura tan sumamente egocéntrica con la que, tras días de silencio y cofradías, y después de un sinfín de encuentros con los actores políticos del susanato, todos ellos con el mismo guión, se ha descolgado en una televisión de ámbito nacional.
Las Crónicas Indígenas del lunes en El Mundo.
El aura
Las fotografías, escribió Susan Sontag, son testigos de la despiadada disolución del tiempo. Todos los días hacemos cientos de ellas pensando que así conjuramos las amenazas del reloj y el calendario. Ocurre lo contrario: al fijar en un archivo digital un fogonazo íntimo o cualquier evento colectivo levantamos acta de la destrucción cotidiana y anticipamos una pérdida.
La Noria del sábado en El Mundo.
Fracasos en corto
“La primera condición para llegar a ser director de periódico es carecer de imaginación”. Lo dice Ignacio Carrión, periodista de enjuto trazo, en la novela con la que ganó –en su día– el Nadal: Cruzar el Danubio (Destino). Un texto en el que antes que la historia lo que brilla, extraña, incluso sorprende, es el estilo. Es de ritmo lento, plomizo, repetitivo. Carrión, buen reportero, escritor brevísimo, imprime a su prosa la cadencia de un percutor. La novela se asemeja más a un cuadernillo de reflexiones varias, un divagar de pensamientos fragmentarios, que a un relato redondo, cerrado. No hay puzzle narrativo, no existe el tono de las grandes epopeyas. No hay incandescencia.
