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El ‘Molt Honorable Senyor’ Francisco Rico, un sabio ‘princeps’ que nunca dejaba de fumar

carlosmarmol · 4 mayo, 2024 ·

“Yo no he trabajado nunca. Nunca he buscado nada. Todo me ha venido dado. Cualquier día se acabará mi Fortuna”. Francisco Rico Manrique (1942-2024) acostumbraba a fingir una modestia desinteresada. Al mismo tiempo, practicaba una seguridad pasmosa y orgullosa que escondía –quien lo conoció, lo sabe– una secretísima ternura. Para muchos de sus amigos era el típico sentimental que camufla  debajo de una máscara de falsa suficiencia una sensibilidad excesiva. Es una manera como cualquier otra de protegerse de los zarpazos de la vida. En su caso, sin embargo, los hechos avalan la leyenda. Lo dejó dicho Dutton Peabody, el periodista de El hombre que mató a Liberty Valance, la película de John Ford: entre la verdad y la leyenda siempredebe imprimirse la última. Barcelonés (ma non troppo), educado por los Escolapios de la calle Balmes, sufridor (sin rencor) de la educación del nacional-catolicisme (la versión catalana de la doctrina franquista de posguerra), el catedrático de la Universidad Autónoma encarnó a un personaje irrepetible y fascinante que, desde el mundo académico, donde toda vanidad ridícula tiene su asiento, por decirlo a la manera de Cervantes, se dedicó a leer y a estudiar con un ánimo hedonista, colosal y omnívoro que, con los años, haría de su persona el príncipe de la filología española. Probablemente el último. Un fin de raza.

Las Disidencias en Letra Global.

Por qué la verdad se ha vuelto subversiva

carlosmarmol · 4 mayo, 2024 ·

En Songs for Drella, el disco que Lou Reed y John Cale dedicaron a Andy Warhol, su antiguo mentor desde los tiempos de The Velvet Underground, al que apodaban con un nombre obtenido de la malévola combinación de las palabras Drácula y Cenicienta, hay una canción (Trouble With Classicists) que evoca los reparos que el maestro del pop art sentía ante los clásicos: “The trouble with a classicist he looks at a tree / That’s all he sees, he paints a tree / The trouble with a classicist he looks at the sky / He doesn’t ask why, he just paints a sky”. En efecto: un clasicista es, sobre todo, un realista, igual que debe serlo un periodista o cualquiera que no tenga por costumbre colgarse todos los días (sin pisarla) del quicio de la luna. Un realista contempla un árbol y pinta un árbol. Un realista mira el cielo y lo que reproduce (en un lienzo) o describe (con palabras) es ese cielo. Todos los maestros antiguos, igual que el gran Antonio López, son artistas figurativos. Se atienen estrictamente al mundo que está a su alrededor, ya sea la Gran Vía de Madrid, un rincón de Tomelloso o una esquina de Nueva York.

Las Disidencias en The Objective.

Andalucía y la España polifónica

carlosmarmol · 3 mayo, 2024 ·

La España autonómica, que a los nacionalistas y a las izquierdas les parece insuficiente y a la derecha excesiva, patrón (oro) de nuestra conflictividad política desde hace muchas décadas, es una abstracción cuyo corpus jurídico –como el de Cristo en la misa católica– reside en la Constitución. Los socialistas llevan lustros hablándonos de federalismo. A su siniestra –el espacio atomizado que se llama Sumar– se entona, sin explicar en qué consiste, la sinfonía de la plurinacionalidad. Y entre las filas del soberanismo vasco y catalán se defienden desde las soberanías paralelas –inexistentes en la Carta Magna– a la independencia unilateral. No es pues nada extraño que no salgamos nunca de esta guerra eterna por cambiar el modelo de Estado, un debate que ya tuvieron los constituyentes y que, al no poder resolverlo de forma satisfactoria, optaron por dejar abierto y al albur de las coyunturas de poder de cada momento. Fue una mala idea: una cosa es lo que dicen los mapas de los generales y otra el terreno que pisa la tropa. Desde Barcelona se critica con frecuencia la naturaleza centralista del Estado –es el famoso Madrid D.F., según la definición del mestre Enric Juliana– y se identifica a la capital de España como una suerte de agujero negro que centrifuga todo a su alrededor. La tesis tiene sustento.

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

Salman Rushdie, la vida después del cuchillo

carlosmarmol · 2 mayo, 2024 ·

La muerte es la última transformación. El viaje definitivo. Un salto al vacío sin la certeza de un destino ni el consuelo del retorno. Cuando ella está, nosotros desaparecemos. Y al revés: vivimos cuando su ausencia todavía es un hecho, aunque nunca deje de ser una hipótesis. Podemos imaginarla de todas las formas posibles porque, al hacerlo, aún es una abstracción. En cambio, no es nada fácil escribir sobre sus vísperas, narrar el instante en el que abandona el territorio de las suposiciones para convertirse en nuestro irremediable destino. Salman Rushdie (Bombay, 1947) ha decidido hacerlo después de regresar milagrosamente desde el quicio mismo de la eternidad, dos años después –la maligna efeméride se cumplirá el próximo 12 de agosto– del sangriento atentado que tuvo lugar en la ciudad de Chautaqua (Nueva York), donde el escritor británico sufrió un ataque 34 años después de publicar Los versos satánicos, la novela blasfema que en 1988 mereció una fatwā del régimen teocrático iraní lanzada urbi et orbi por el imán Jomeini tras acusarlo de atacar al Islam.

Las Disidencias en Letra Global.

Walt Whitman: memorias de un mundo hermoso y perdido

carlosmarmol · 2 mayo, 2024 ·

Todos estamos hechos de los mismos materiales: carne y huesos, aunque sean de calidades dispares. Sobre este sustrato común, como dejó dicho por escrito Shakespeare, se proyecta la materia sagrada de nuestros propios sueños, que nos convierten en criaturas tormentosas e inconfundibles. Cada una es igual a su semejante y, al tiempo, distinta. No son los anhelos íntimos los que nos individualizan. También lo hacen las vivencias y los desengaños, los fracasos y los triunfos; las experiencias ecuménicas convertidas en hechos particulares. La lista de las cosas que nos moldean es infinita: el lugar geográfico de dónde venimos o los paisajes (sucesivos) en los que nos hemos mirado. Por supuesto, también los años que hemos malgastado. Cabe deducir, pues, que la existencia, además de un milagro, es una ardua tarea de recopilación y acarreo de materiales tomados de aquí y de allá, como piedras del camino; en su mayor parte, se trata de guijarros domésticos y prosaicos. Con ellos vamos cubriendo como podemos las distintas etapas del sendero. Cada vida se parece. Cada vida es distinta.

Las Disidencias en The Objective.

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Ilustraciones: Daniel Rosell